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07
08
2017

En búsqueda de mi misma

Mi llegada a CrossFit quizás fue la suma de coincidencias circunstanciales. Fue el lugar al que llegué después de un camino de búsqueda de un lugar que me acogiera, me refugiara pero que al mismo tiempo, potenciara toda esa fuerza que sentía dentro de mi. El camino comienza años antes, en el colegio. En la mente de una niña agobiada por el bullying, en la mente de una adolescente que siempre fue la sombra de alguien más, “la hermana de..”, “la hija de…”, “la amiga de…” en la mente de una jovencita que se había resignado a que conforme fuera creciendo en edad, también lo haría su talla de pantalón. La chica a la que le daba vergüenza ir a comprar porque se ponía tan nerviosa que se quedaba en blanco o tartamudeaba.

Una niña que se refugiaba tras escritos vagos entre hojas de cuadernos.

Por esas razones varias de la vida, me invitaron a participar de unas clases en un gimnasio en el centro. Lo más absurdo  fue que al final de esa clase, ya tirada en el piso durante la relajación, mi único pensamiento fue “no voy a volver aquí NUNCA MÁS”. La clase había sido súper entretenida, pero como siempre mis temores de estar haciendo el ridículo, mi vergüenza, y todas mis inseguridades, me invadían. Pero por otro lado cualquier cosa era mejor que quedarme encerrada y ésta, hasta ese momento, parecía la manera de hacer algo más con mi vida. Eso sumado al entusiasmo de mi hermana fue lo que me llevó a no desistir y empezar a ir varias veces a la semana.

Luego nació mi interés personal, porque comencé a bajar de peso y empezaba a sentirme bien conmigo misma. Mis notas subieron y la confianza que irradiaba se reflejaba en que ya no me daba tanta vergüenza ir a comprar y preguntar cosas en público o hablarle a un extraño para hacer una pregunta. Sentí que si yo podía hacer algo conmigo y con mi vida, podía hacer cualquier cosa. Me di cuenta que realmente tenía algo que decir y hacer, que si esto me había cambiado la vida a mi, quizás a cuantos más podría hacerlo.

Con el tiempo empecé a hacer amigos en el gimnasio y finalmente pude consolidar mi amistad con un grupo de ellos, a pesar que me superaban en edad de entre 8 hasta 10 años, incluso más, me sentí acogida por primera vez. El deporte nos unió y yo empezaba a salir de la sombra en la que me había acostumbrado a vivir.

Tuve un profesor en el gimnasio, Daniel, cuya pasión, felicidad y vitalidad era tal, que me llevó a cambiar de opinión con respecto a mi futuro. Hasta ese momento siempre me visualicé estudiando música, sin embargo cambié el rumbo hacia el desconocido mundo deportivo. Él fue quien me inspiró a convertirme en profesora de Educación Física, aún así renegando la pedagogía durante un par de años ¿Quién iba a pensar que la niñita que le daba vergüenza ir a comprar pan, ahora iba a pararse frente a un grupo de personas de todas las edades y les iba a dar “clase”? ¿En serio?

Entendí que si yo era feliz, y podía hacer algo (lo que fuera) con toda mi alegría, mi pasión y el amor, podía ayudar a alguien a brillar y salir de ese lugar oscuro, ese que también yo conocía. Que quizás, no necesitaba ir a África a salvar a los niños de hambre para salvar el mundo, que la vida es hoy y que “el mundo” es la gente cercana, que debía cuidarlos y quererlos, y que si me salvaba yo, podría contagiar a la gente a mi alrededor, y que ellos podrían hacer lo mismo con otros. Que si podía aportar a que el día de alguien fuese diferente, ellos también podrían hacer lo mismo con otros.

Luego de un tiempo dejé de sentirme acogida en el gimnasio, y después de vagar por muchos otros lados entrenando y haciendo clases, mi gran amigo y hermano, Rodolfo Rojas (a.k.a Rodo) me comentó de un box de CrossFit. Fue así como conocí de cerca la disciplina que desde hace un tiempo veía en videos en YouTube y que por coincidencia en muchos aspectos era símil de los recordados primeros entrenamientos mezclados que hacía con mi profesor.

Fue un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de seguir aprendiendo. También para reconstruir mi ámbito social, ya que todas esas ganas que tenía de llegar a la gente se limitaban estrictamente a la profesión, pero el deporte y la actividad física son generosos al momento de construir lazos, por lo que me fue inevitable no involucrar mis cariños con la gente a la que veía a diario. Conocí a muchos, que como yo, luchaban cada día, y me di cuenta que no estaba sola en mi batalla auto impuesta por lograr un mundo mejor a través de todo esto.

CrossFit llegó a mi vida como una nueva oportunidad de cumplir ese sueño de poder compartir lo bueno de la vida. Se convirtió en el medio por el que me di la oportunidad de volver a creer en las personas, que a pesar del dolor y el cansancio lucharían hasta el final, hasta terminar lo que empezaron, a dar no el 50, 85, o 99%, sino el 100% cada día, cada vez, porque cada paso cuenta y con ello cada repetición. Fue la oportunidad de encontrarme conmigo misma y con gente como yo, que a pesar de sus dolores, y sus luchas internas aún sigue dando la pelea y no bajará los brazos hasta terminar lo que empezó. Me di cuenta que si yo era feliz haciendo lo que me gustaba, con profunda pasión, podía aportar a que otro pudiese liberarse del “NO PUEDO”, de sus temores, y que pudiera reunir el coraje suficiente para empezar a convertirse en lo que quisiera.

“Fue la oportunidad de encontrarme conmigo misma y con gente como yo, que a pesar de sus dolores, y sus luchas internas aún sigue dando la pelea y no bajará los brazos hasta terminar lo que empezó.”

Llegar a Acción CrossFit después de ese largo camino fue… un regalo. La increíble vibra que sentí dentro de un lugar en el que se movían por ese mismo objetivo. Me sentí otra vez acogida, apoyada y escuchada. Mi lucha ya no era solo mía era nuestra, es nuestra. Caminando para aportar al cambio, a la diferencia en la vida de las personas, quienes sin saberlo también, hacen la diferencia en las nuestras. Soy una eterna agradecida de la vida, ver el tiempo pasado, y verme ahora, hablarle a esa niñita que fui desde este lugar, agradecida de las dificultades, porque son las que nos convierten, y nos obligan a salir de nuestra zona de confort.

Que fácil hubiera sido si las cosas hubiesen sido distintas, pero si no hubiesen costado, quizás no las hubiera valorado. La vida es hoy, y todo pasa, lo bueno y lo malo. Que se convierta en un AMRAP de alegría y pasión por la vida, por que cada paso cuenta, cada repetición. Solo hay que soñar sin miedo y atreverse a lograr eso que nunca imaginamos.


 

 

Escrito por Magda Andrade, Coach Acción CrossFit.

 

Comentario
4
Karluli

eres una GRANDE!!! a veces cuesta darse cuenta, sobre todo cuando uno se mira con un ojo tan pero tan exigente. No obstante, lo importante es reconocer que no por ser imperfecta, se vale menos. “Simplemente” hay que aprender a abrazar fuerte y con amor cada defecto, porque ellos te dan la oportunidad de mejorar.
Y qué lindo y qué agradecidos nos sentimos de ser guiados por alguien que sabiendo esto, se dedica a ayudar a quienes aun estamos en ese proceso.
Te admiro coach!
Te amo hermana ❤️

gabriel ibarra

Linda historia Magda! tus clases estan llenas de motivación, se agradece la energía y dedicación que irradias. felices de tenerte nuevamente en la clase de las 13. Te echabamos de menos!

Paulina Farías

Magda que liiiindo <3

Paula White

Casi lloré, me sentí demasiado identificada con el comienzo de tu historia y como fuiste luchando contra tus miedos e inseguridades.
Toda esa energía siempre la transmites en cada clase!
Seca! :D

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