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20
08
2018

Competir me enseñó a sonreír

“No sirvo para esto”, “no progreso nada”, “llevo meses con los mismos pr’s”, “todos mejoran menos yo”, “me lesioné y lo perdí todo”. Estas son algunas de las frases más repetidas que suelo escuchar cuando hago clases, y muchas veces me cuesta entender cuál es la razón por la que la mayoría de los alumnos tengan este tipo de cuestionamiento en sus cabezas ya que la gran parte son profesionales, sobre 30 años, gente que ya tiene toda una vida y lo único que me pregunto es ¿qué pretenden?

Primero preguntémonos qué es el deporte. Sé que el deporte puede ser muchas cosas: salud, entretención, un escape, etc. Sin embargo, para mi siempre ha estado ligado al alto rendimiento, y pese a que éste sea totalmente opuesto a algo saludable, sí conlleva muchos valores y acciones tan grandes e importantes que si uno los tomara y aplicara en la vida se podrían lograr cambios inmensos.

Perseverancia. Eso que te hace seguir a pesar de que lo mal que pueda verse, querer intentarlo una y otra vez sin permitirte descanso. “El que la sigue, la consigue” y no puede ser más acertado, seguramente al final siempre lograrás algo impresionante.

Voluntad. Aceptar desafíos, enseñanzas, retos, cualquier comentario sabiendo que será un aporte, ir por lo que debes hacer cuando muchas veces no concuerda con lo que quieres hacer.

Aceptación. Tomar y abrazar al fracaso como una oportunidad  para mejorar, sin dejar que la frustración nos inunde y nos haga dejar aquello por lo que peleamos.

Paciencia. Sabia paciencia que nos enseña a esperar y aprender que no todo llega en el momento que nosotros queremos y que cada cosa ocurrirá en su debido tiempo.

Sin expectativas. Ir esperando demasiado de algo en particular sólo nos ensucia la intención, ya que nos obliga a realizar acciones descontroladas que rara vez llegan a buen puerto.

Obsesión. Siempre será positivo tener un pequeño grado de obsesión por algo, ya que podría ser nuestro motor de todo lo que queremos lograr. Hay que tener cuidado de no exagerar, ya que al obsesionarnos mucho vamos más allá de nuestras capacidades con tal de lograr lo que queremos lo antes posible, sin estar lo suficientemente preparado.

Muchas veces el concepto “competitividad” se mal interpreta y se entiende como las ganas de querer ser mejor que el resto, y eso no es más que nuestro orgullo y ego nublándonos el camino. Siempre digo “el que compite es porque le falta”, ya que medirse no es demostrarse quién es más fuerte o quiénes logran más avances. Medirse es una oportunidad de aprender, de desafiarse, de analizar errores, tiene mucho que ver con el espíritu de competencia, aprender de la adrenalina, de entrenar el compañerismo y sobretodo, el respeto.

Competir me hace feliz, no por la competencia sino porque me permite realmente disfrutar, me llena de alegría a tal punto de sonreír sin darme cuenta, y de poder influir a alguien más. Sin embargo me llevó años darme cuenta de esto que les cuento, años de eventos, años de entrenamientos y dolores. Compitiendo aprendí a sonreír y cada día quiero que ustedes aprendan lo que yo aprendí, que el objetivo nunca es levantar más, sino disfrutar y aprender el valor que me dio mi deporte.

Me quedan días para competir en el mundial y mucha gente me pregunta cómo me siento. Siento miedo, ansias, nervios y mil cosas más, pero sin duda aquello que marca más son mis ganas. Mis ganas de disfrutar, de vivir y aprender de esta experiencia para luego traspasárselo a ustedes en cada una de las clases.

Por esto y mucho más les digo, basta del “no puedo”, del “no sirvo para esto”, dejen el orgullo y el ego a un lado y saquen a relucir su pasión con todas sus fuerzas, al final del día entenderán.

 

 

 

Escrito por Javier González, Coach Levantamiento Olímpico Acción CrossFit.

 

Comentario
2
Juan C. Morales

Grande Javier!!! éxito en el mundial.

Ariel

Grande Javier, tienes un corazón gigante!! Gracias por inspirarnos y entregarnos parte de ti en este post y en cada entrenamiento. Un abrazo gigante y éxito en el mundial!!

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