Cómo pasé de ser RX a una alumna básica (o menos que eso)

Llevo tres años practicando CrossFit y la mayoría pensaría que tengo un historial deportivo previo a esta disciplina. ¿La verdad? Me escondía en el camarín cada vez que tocaba Educación Física en el colegio.

Pero para mí sorpresa (y con el tiempo) me he dado cuenta que cuando entreno la mayoría me percibe como alguien de nivel avanzado o RX y más que nada creo que es porque tengo algunas habilidades que escapan a la “alumna promedio”, sobretodo pese a no haber practicado deporte antes (en mi historial deportivo solo está la práctica de BMX Freestyle).

Sin embargo, llegué a Fasten y todo lo que pensaba de mí como crossfitera, todas mis habilidades, se convirtieron en un lindo recuerdo.

¿Por qué llegué a Fasten?

Venía con una lesión en la muñeca desde Enero y no escuché ni a mi traumatólogo ni a mi cuerpo hasta que mi entrenamiento, específicamente de Performance, se vio comprometido. Fue ahí cuando decidí hacer algo, cuando ya estaba lesionada.

Por suerte apareció en mi camino la Pepa, personita con la que varias veces al día me encuentro mientras estoy en la oficina pero de la cual desconocía su trabajo como kinesióloga.

Primera Etapa: Enfrentarse al diagnóstico real sesión a sesión

Diagnóstico Resonancia: Sinovitis radiocubital distal y radio escafoidea y grande ganchoso.

Llega el primer día de las 10 sesiones que tomé con la Pepa. ¿Lo más difícil? Mirarse al espejo. Cuando uno entrena puede sentir que se está moviendo la raja, que ya está listo para ir a los Games, pero te ponen un espejo al frente y toda esa visión se derrumba. ¿Tan mal me muevo? ¿De verdad no sé cómo hacer una sentadilla libre?

Ver cómo estaba moviéndome realmente fue durísimo, fue como devolverme en el tiempo y volver a ser esa Ana que casi se pone a llorar su primer sábado de entrenamiento porque no podía ni siquiera hacer (ni entender) un pike push-up.

¿El diagnóstico real? Me he estado moviendo mal estos tres años, o incluso antes.

Segunda Etapa: Sentirme expuesta en Fasten y frustrada entrenando

Varios me vieron entrenando los primeros días después de empezar la kine. Me caracterizo por tener una cara bastante expresiva y era imposible no mirar la barra con los chubis y pensar “¿En qué momento retrocedí tanto?”, era ahí cuando escuchaba los comentarios de “¿Qué pasa Ana, por qué esa cara?”, y si no eran ese tipo de comentarios eran los de “¿Por qué estás solo con la barra? ¿Por qué tan poco peso?”.

Por otro lado, en Fasten me sentía expuesta, ir a las sesiones era ir a que la Pepa en cada una encontrara un patrón de movimiento incorrecto nuevo. Ir y verme en el espejo era ver una versión básica (o incluso menos) de la Ana RX a la que estaba acostumbrada.

Sin embargo, entendí que no se trataba de “cuánto había retrocedido” sino cuánto había avanzado sin tener conciencia de cómo estaba haciendo las cosas, y fue ahí cuando me di cuenta que tenía que transformar mi frustración en la motivación para empezar a generar un cambio.

Etapa 3: El cambio

Al principio cada comentario que me hacía la Pepa era un golpe bajo a mi orgullo de crossfitera. Mala flexibilidad de tobillo, poca activación de las escápulas, pelvis chueca, patrones de movimiento incorrectos en la sentadilla y empujes, y así muchas cosas más.

Después empecé a preguntar el por qué de todo. ¿Por qué si hago esto pasa esto otro? ¿Cómo corrijo esto? ¿Qué ejercicios me recomiendas, cuántas veces?

Los comentarios de la Pepa ahora ya no eran ese golpe bajo a mi orgullo, sino todo lo contrario, los escuchaba con atención porque era el listado de cosas que debo corregir para mejorar mi performance cuando entreno, pero más importante: son las observaciones de una kinesióloga que está obsesionada con la perfección de los movimientos.

Creo que lo que más destaco de la Pepa fue su capacidad de analizar todo lo que hacía, encontrar la raíz del problema y darme herramientas para mejorarlo. No había nada como verla mostrándome los ejercicios a la perfección, haciéndolo ver mega fácil y después mirarme al espejo y fracasar en querer verme igual.

Llegué a Fasten solo por la muñeca y para mi sorpresa durante las 10 sesiones pasamos por la re-educación de mi sentadilla libre, overhead squat, pull-ups estrictos, push-ups, push press, push jerk, split jerk y peso muerto. Trabajamos en mi flexibilidad de tobillo, cadera, hombros y muñeca. Le contaba a la Pepa qué tocaba en el wod del día y me ayudaba para hacerlo de la mejor forma posible. Siempre estuvo atenta y preguntándome cómo me había sentido y si me había molestado/dolido algo para ver cómo modificarlo.

¿La lección?

Entendí el valor real de la kinesiología, su razón de ser. NECESITAMOS MOVERNOS BIEN, tanto para nuestro día a día como para nuestro performance entrenando.

No es ir al kine porque me lesioné, es ir al kine para aprender a moverme correctamente y así evitar lesiones.

¿Es frustrante? Sí, a nadie le gusta que le digan lo que está haciendo mal y mucho menos darse cuenta que realmente lo está haciendo mal. Pero valió la pena (y el sufrimiento) cada sesión con la Pepa, cada una de sus correcciones con ojo crítico, sus gritos de alegría cuando lograba hacer mejor las cosas y no tengo nada más que agradecer infinitamente su paciencia conmigo y todo lo que me enseñó.

Obviamente quedan cosas por mejorar y aprender, la kinesiología no se caracteriza por tener un efecto inmediato, sobretodo porque como pacientes somos bastante responsables de los resultados que logremos. Y en ese sentido aún me queda camino por recorrer.

Pero lo que sí es seguro es que ahora antes de cada wod me preguntaré:

¿Quiero ser esa “alumna RX” y moverme rápido pero olvidar todo lo que me enseñó la Pepa o quiero moverme bien para cuidar mi cuerpo? Después de Fasten definitivamente ya no dudaré mi respuesta.

Escrito por Ana Gaete,

Analista de Marketing Acción CrossFit.