Buscando una herramienta de cambio

Desde muy pequeño que siempre fui inquieto, me gustaba mucho hacer cualquier tipo de actividad deportiva, sin embargo por herencia familiar también tenía un fuerte lado artístico. Así, estudié en un colegio cuyo enfoque era más cercano al arte, en donde me fue difícil desarrollar mis habilidades motrices, por las largas jornadas de clases. Por ello, a penas salí del colegio decidí estudiar Educación Física e intentar jugar basquetbol profesionalmente, en el mejor lugar posible: el sur. Acto siguiente, tomé mis maletas y me fui a Osorno a estudiar y jugar basquetbol con todo el apoyo de mi familia. Poco sabía lo diferente que era todo en Osorno, en comparación a Santiago. Me encontraba solo en una ciudad pequeña y tranquila con un clima que a ratos me deprimía, pero pude adaptarme rápidamente haciendo amigos y muy buenos recuerdos.

Fue dentro de los últimos años de Universidad que, haciendo mi última práctica, conocí el mundo de los gimnasios y descubrí al fin que eso era lo que quería de mi: entrenar y enseñar a la gente a llevar un estilo de vida mejor. En ese punto recordé a mi padre y sus palabras “hijo lo que sea que haga, sea el mejor haciéndolo”, dándome una herramienta que me serviría para el resto de mi vida, el conocimiento.

“Hijo lo que sea que haga, sea el mejor haciéndolo”

Tomé varios cursos y me sentía bien, desarrollándome más en el gimnasio donde trabajaba. Pero algo faltaba, quería seguir perfeccionándome y lo mejor era volver a Santiago. De vuelta a las maletas y a la gran ciudad, pero no todo salió como planeaba. Me vi obligado a tomar otro rumbo y me convertí en profesor de educación física en un colegio, estuve cuatro años allí, lo que me ayudó a desarrollar más mi pedagogía y paciencia.

Así, mientras yo ejercía como profesor, unos amigos estaban creando un centro de entrenamiento personalizado en Osorno al cual me invitaron a participar. Se trataba de una opción bastante tentadora y no pude rechazarla, así que tomé nuevamente mis maletas y me fui a Osorno a probar suerte por dos años. Era un sueño hecho realidad, mi propio gimnasio pasó rápidamente a estar muy bien catalogado dentro del círculo de Osorno.

Sin embargo, mis ansias de conocimiento no paraban y hacía rato que venía escuchando sobre algo llamado CrossFit, que iba lentamente llamando más mi atención. Necesitaba saber de qué se trataba y utilizarlo como herramienta de cambio, así que tomé un curso en Noviembre del 2015, pero no tenía dónde llevarlo a la práctica. A principios del año 2016, por motivos de ética, no pude continuar trabajando en el proyecto de mis sueños, por lo que tomé unas vacaciones adelantadas y me fui a Santiago con el fin de conocer más de cerca sobre esta nueva disciplina llamada CrossFit.

Una vez en la capital, me dediqué a buscar un lugar para entrenar y agendé un par de clases de prueba en boxes que me quedaran cerca de donde vivía. Así llegué a Acción CrossFit La Florida, en donde observé atentamente desde la orilla de la clase al profesor mientras explicaba cada uno de los movimientos, todos igual de diversos y complejos. Fue amor a primera vista. Sonó el timer y todos comenzaron a moverse, cada uno en su propio nivel, pero todos dándolo todo, a máxima intensidad. Esto era lo mío, esto era eso que tanto busqué.

Suena el timer de nuevo, indicando el fin de la clase, todos se saludan y felicitan. No hay palabras que expliquen la felicidad que sentí al ver esto por primera vez. Sentir el apoyo de cada uno fue algo que me cambió completamente.

Acto seguido me inscribí para que Acción CrossFit y su Comunidad fueran parte de mi vida, para siempre.

 


Escrito por Matías Miranda, Asistente de Acción CrossFit.