¿Quién viene por primera vez?

Con esa frase de Sebastian Stange partió mi vida en CrossFit. La tarde de un lunes 24 de Junio e invitado por un gran amigo, decidí empezar a mover mi humanidad después de 12 años sin ejercitar nada mas que mi mandíbula. No les voy a mentir, tenía muy poca fe en lo que yo podría lograr en este nuevo “deporte”. No tenía idea de nada de lo que significaba, ni si quiera consulté en internet para saber en que me estaba metiendo, solo vine. Alianza Crossfit me recibió, un box en pañales, piso de cemento y disparejo, un rack en el medio que cortaba el espacio en dos, algunas barras y discos, unas especie de bolas con argollas (después supe que su nombre era kettlebell)  y una cantidad enorme de energía que no sentía desde mis tiempos de basquetbolista.

En fin, levanté la mano y Sebastian me mira algo desconcertado pues mis 127kg y mi evidente falta de estado físico, solo hacía presagiar que esa clase sería el debut y la despedida del box. Me pregunta mi nombre y me dice que casi todos son nuevos, por lo que tratara de no desmotivarme, que siguiera al resto y las instrucciones al pie de la letra, pues sólo eso aseguraría que no me lesionase. Al finalizar la clase me llamó la atención la flexibilización (no pude hacer ninguna posición bien) y que se haya acercado Daniel con un plumón en mano para anotar mi mail. Creo que nunca me había costado tanto escribir.

No me acuerdo qué fue lo que hicimos ese día, solo recuerdo que recien el jueves pude mover mi cuerpo de forma un poco más normal, y decidí volver por más.

Así empezaron mis días de CrossFit, me puse metas muy pequeñas: saltar la cuerda (si saltar la cuerda ya que no pude hacerlo la primera vez), hacer push ups, pull ups, clean, y así poco a poco ir subiendo mi nivel. Todo lo que me propuse en el principio fue tratar de entrenar mi cuerpo para poder disfrutar con mi hijo su niñez.

Hoy ha pasado mucha agua bajo el puente y desde este escritorio puedo mirar atrás y recoger todo lo que Alianza CrossFit, y luego Acción CrossFit, me han entregado. Ustedes podrán pensar que lo que rescato son mis RM, o mis saltos dobles, mis kipping pull up, y la verdad es que eso es solo un acompañamiento.

Hoy rescato un alma sana, una vida distinta, un raro pero verdadero segundo aire, mi espíritu me viene a buscar y me alienta a seguir a adelante. Rescato las ganas desmesuradas de vivir, de respirar ese gusto de un WOD bien destructivo. Rescato una oportunidad que me supe dar y que en el camino me fue regalando muchas metas cumplidas.

Hoy, 4 años después de levantar la mano, puedo afirmar que todo lo que he dicho ha sido mucho mejor, y esto no es por una libra más en la barra, o por una repetición más hecha. Esto es porque he tenido la suerte de encontrar a muchos otros que también levantaron la mano y decidieron quedarse. A ellos también les agradezco, a los que un día se atrevieron a llevar el CrossFit mas allá del box, a los que se atrevieron a compartir sus vidas y dejarse incluir en una especie de comunidad, que sin duda hoy es un círculo de amistad.

Gracias doy a todos los que me han acompañado estos cuatro años de CrossFit: a los profesores, ayudantes, kinesiólogos, nutricionistas, staff completo, pero por sobre todo gracias a la inmejorable clase de las 08:00 hrs., los nombraría a todos, pero son tantos los que han pasado por aquí, que de seguro olvidaría a varios.

¿Quién viene por primera vez? Yo, y todos los días.

Escrito por Eduardo González Massardo, alumno Acción CrossFit.