Soy un afortunado

A mis 13 años (una eternidad atrás), y gracias a las malas notas que tenía en el colegio, mi padre decidió darme el mejor castigo que pudo: me inscribió a clases de Taekwondo. Al mes de estar entrenando, y por no querer ser menos que mis compañeros, me inscribí en mi primer torneo de la disciplina, sin saber nada más que dar patadas en el poto. Recuerdo que esa fue la primera vez que de puro miedo me temblaban las piernas sin parar, no tenía ni la más mínima idea en que me había metido.

Afortunadamente, (y aún me pregunto cómo) gané ese torneo y desde ahí nunca más falté a un entrenamiento. Me olvidé del Futbol y comenzó un amor inseparable a la adrenalina que produce golpear más rápido y más fuerte a la persona que está al frente. Disfrutaba mucho el intentar engañar a tu rival, hacer lo mejor posible en un combate de dos minutos por round, fue tanta la pasión por ese deporte que ni cuenta me di cuando a mis 18 años ya era cinturón negro 1º DAN. Participé en un sin fin de torneos nacionales e internacionales, fui seleccionado Nacional, estudiando y trabajando a la vez, no paraba nunca, ni siquiera cuando mi cuerpo no dejaba de doler.

Finalmente a los 27 años decidí dejar de entrenar para competir, me calmé un poco y seguí haciendo clases. Aquí comenzó a llamar mi atención otra arte marcial: Jiu-jitsu brasilero. Era pésimo, aún intento practicarlo, pero me golpean siempre y termino perdiendo, sin embargo me entretenía muchísimo. Lamentablemente en esta época comenzaron a darme calambres en mis piernas constantemente, tenía dolores en el cuello que no me dejaban levantarme de la cama, hasta que finalmente un día quedé doblado. Si, doblado, sin poder extender mi espalda. Había perdido discos intervertebrales desde L4 a S1, una lesión importante en mi columna que me llevó a pabellón y cirugía. Me hicieron una artrodesis, que me dejó con seis pernos y dos fierros. Adiós artes marciales, tuve que estar 5 meses en cama, apenas caminando.

Pasó un tiempo y mirando Facebook vi que se iba a abrir un nuevo box de CrossFit, en donde trabajaba un viejo amigo de la Universidad, David Silva (el negro). Fui directo a mi rehabilitación con Nicolás Spencer y Sebastian Stange, en ese tiempo Acción de llamaba Alianza CrossFit. Partí sólo con un bastón haciendo Back Squat, Clean y Overhead Squat. Así, al pasar los meses, como nos ha pasado a todos, me engrupí solo y aumenté mis clases, de 2 a 3 veces por semana además de los días Sábado. Mientras entrenaba y me recuperaba de mi lesión, comencé a especializarme en el tema, tomé los cursos de CrossFit Level 1 y 2, cursos de Kettlebell y Levantamiento Olímpico.

De repente, un día de Septiembre se acerca Dobbs desde "gerencia", como a cualquier alumno. Misteriosamente quería conversar conmigo, y bueno me ofreció trabajar en el box, por lo que comencé la semana siguiente. Mi primer día de clases y recuerdo cómo nuevamente mis piernas comenzaron a temblar de puro miedo, pero al igual que las artes marciales, me atreví y me convertí en parte del staff de Acción CrossFit. Renuncié al colegio en donde trabajaba, ya que estaba harto de la poca importancia que se le daba a la actividad física y a su educación.

Aposté por este proyecto, aposté por inculcar la educación y la importancia de moverse activamente desde otra perspectiva. No pude haber tomado una mejor decisión, soy profesor de Acción CrossFit en donde mi profesión, mi oficio y mi vocación se encuentran reunidos en un mismo lugar.

Soy un afortunado.


Escrito por Felipe "Makina" Martínez, Profesor de Acción CrossFit.