Mi proyecto no cumplido: correr 21k

Un día, hace siete años atrás una amiga me invitó a correr, de hecho me propuso entrenar para hacer 21K. Era enero y ella llegó con esta idea diciendo que este tenía que ser nuestro proyecto del año. Perfecto para ella, quien ya tenía muchos kilómetros en sus piernas, en cambio yo nunca antes había corrido ni 5K, pero igual decidí apañarla en esa aventura, o mejor dicho en esa locura.

El objetivo era preparase para la Maratón de Santiago, y así comenzamos a correr 3-4 veces a la semana, o incluso más, ya que en muy poco tiempo llegué a correr hasta 50K a la semana. Todo iba bien, o por lo menos así pensaba, hasta que tres semanas antes de la Maratón mi cuerpo no aguantó más el ritmo y me lesioné: una fractura de estrés de cadera. ¡¿Qué?! ¿Qué es eso? Nunca en mi vida lo había escuchado. Doctor Google dijo que era algo muy común entre corredores que corren mucho en muy poco tiempo y su cuerpo no es tan fuerte. Todavía me acuerdo del dolor, que sentí por muchos meses, primero muy fuerte y después una molestia crónica. Pensé, “Nunca más voy a volver a correr largas distancias”, porque cada vez que salía a correr aunque fueran unos 5K, sentía esa misma molestia, un dolor en mi cadera. Dejé el running completamente por un buen tiempo, pero todavía tenía en mi lista esos 21K como “El proyecto no cumplido”, aunque hacía otros deportes, la idea de volver a las pistas siempre estaba en mi mente. 

A principios de este año, después de haber entrenado durante un año con Madness, me sentí lista para enfrentar por fin los 21K de la Maratón de Santiago de este año. Pensé: ‘’Perfecto, por fin me siento bien preparada, no voy a lesionarme esta vez y voy a eliminar de mi lista el medio maratón como algo pendiente, no cumplido todavía.’’. Suena raro lo que voy a decir ahora, pero me sentí demasiado preparada, como si de alguna una forma los 21K hubieran perdido su misticismo (creo que me entienden). Estaba pensando, “Ya OK, antes la distancia de medio maratón parecía una montaña del porte del Kilimanjaro, pero de verdad siento que puedo correrlo sin dificultades. No es nada de otro mundo’.

Además, creo yo, sin desafíos la vida se pone un poco aburrida, así que se me ocurrió otra locura: correr los 42K! Ahora sí, esta distancia es ‘’El proyecto’’: nuevo, grande y desafiante. ¿Cómo lo hago? ¿Sola? Obvio que no, ¿romperme otra vez más? Ahhh no, ¡no soy tan loca! ¿Quién me va a ayudar entonces? Ir a un club de running, sí, buena opción. Allá uno tiene todo lo necesario si quieres correr largas distancias: el coach especializado en running, el programa de entrenamiento diseñado para tus propias necesidades, etc. Si me voy para allá, tengo que dejar Acción Crossfit, porque de verdad no tengo tanto tiempo como para hacer las dos cosas. Sin embargo a mí me gusta hacer Madness, me gusta este lugar, la comunidad, la gente que he conocido durante un año y medio entrenando y no quiero cambiarlo por un club de running.

Conversando un día sobre este tema con mis compañeros, muchos de ellos me sugirieron conversar con los kinesiólogos de Fasten. Me parecía una buena idea, así que un día llegué donde Pepa con la idea de que me ayude correr la maratón al final de este año, sin lesionarme. Le conté toda mi experiencia del running y la lesión que tuve en unos 2 minutos, mientras ella me miraba con cara de “¿De qué estás hablando?’’ y me di cuenta de que era la primera vez que le pedían algo como eso, y que fácilmente me podía decir que prefería no hacerlo. Así que le dije: “Por favor dime que quieres acompañarme.’’ Y lo aceptó, quizás porque la vida sin desafíos es aburrida, y para la Pepa, preparar a alguien para los 42K era un challenge. 

La primera vez nos juntamos un mes antes de la Maratón de Santiago y aunque pensaba que estaba muy preparada para correr los 21K y que necesitaba la kine sólo para la maratón, no fue tan así. Durante ese mes (y más aún el día de la Maratón) noté cuánto me habían servido las sesiones que había tenido junto a la Pepa. Me acuerdo muy bien que durante la primera sesión, la Pepa me grabó corriendo y haciendo sentadillas y estocadas. De verdad pensaba que las hacía bastante bien, pero obvio que no. Así que pasamos las primeras tres o cuatro sesiones corrigiendo la pisada de mis pies y la manera correcta de hacer sentadillas.

Por primera vez sentí que algo se desbloqueó en mis pies, los sentí tan livianos.

Le he puesto harto empeño y todavía no encuentro tan fácil coordinar que los dedos de mi pie estén bien apoyados y que mis rodillas no se vayan por dentro. Pero se puede, créanme. Nunca antes había pensado en la importancia de tener los tobillos lo más flexibles posible. La sesión donde trabajamos en eso es lejos mi favorita, porque por primera vez sentí que algo se desbloqueó en mis pies, los sentí tan livianos. Durante las primeras sesiones pasamos por los pies, los tobillos, la estabilidad de la pelvis – en que tendré que trabajar toda mi vida porque me cuesta harto estabilizarla – hasta que al fin, una semana antes de la MDS, llegamos a los hombros, que tienen un rol muy importante en mantener una postura eficiente en el running. Durante todos los 21K me preocupé mucho de la posición de mis hombros, a cada rato escuchaba la voz de la Pepa: “Relaja tus hombros, tienen que estar abajo, no tan cerca de tus orejas.’’

En un momento, mientras corría, me di cuenta de que no solo me preocupaba de mi cuerpo, como pisaba, la posición de mis hombros, si mi cuerpo estaba en una posición correcta, no tan inclinado hacia adelante como solía correr bastante antes de la Pepa, pero también me preocupaba de observar a los corredores que tenía cerca. Me di cuenta de que llegué a ese mágico momento en que “ahá”, por fin entiendes cómo funciona el cuerpo. Estuve consciente de mi cuerpo ¡Eso es! Algo que antes ni siquiera sabía que existía, o mejor dicho, sí sabía pero no de esta forma. 

Muchos amigos míos no entienden por qué estoy tan enganchada de correr largas distancias, entrenar tanto, correr muchísimo cada semana y además ir donde mi kine. ¡¿Por qué?! Porque me gusta y me hace feliz. Mientras escribía me puse a pensar cuánto me ayudaron las sesiones en la Maratón. Diría mucho, primero que todo, me sentí tan bien ese día corriendo a pesar del calor que hacía. Corrí como nunca antes en mi vida, hice mi PR de 10K y terminé los 21K bajo las 2 horas. El objetivo es correr 42K al final del año y siento que no necesito tener miedo a las lesiones, algo que me preocupaba mucho al pensar en correr esa distancia. Sí, cosas pasan, nadie puede garantizar que no me vaya a lesionar en camino a los 42K, o ese mismo día, pero ahora sé y siento lo que va pasando con mi cuerpo. Todas las sesiones de kinesiología que he tenido hasta ahora me ayudaron a despertar la conciencia de mi cuerpo. Encuentro que eso es más importante que cualquier otra cosa: uno puede hacer Crossfit, Madness, correr 3 – 4 veces a la semana, exigirse al punto de lesionarse, sanar esa lesión y volver a lo mismo sin hacer nada para prevenir las posibles futuras lesiones.

Mi punto es, y voy a terminar con esto: no esperen a lesionarse para ir al kinesiólogo/a. También pensé en algún momento de mi vida que los kinesiólogos sirven SOLO para ayudar con las lesiones, pero no es así. He pasado por eso, me lesioné y no pude hacer algo que me hacía feliz, por un muy buen rato. Necesité ayuda de los kinesiólogos para volver a correr de nuevo, esta vez es al revés: necesito su ayuda para no lesionarme, para prevenir el posible dolor y al final para correr mejor. 

Escrito por Ami Skoda.