Por qué no dejar de entrenar

En mi experiencia como mujer dedicada a la psicología y las ciencias sociales, el deporte es una actividad que por muchos años tuvo nula importancia para mi desarrollo como persona. Las vueltas de la vida me permitieron encontrar en el CrossFit un mundo diferente, lejano al clásico gimnasio y a las formas tradicionales de “ponerse en forma”. Fue un cambio de pensamiento acercarse a un trabajo físico en comunidad, en donde te das cuenta de que no importa tu nivel, porque siempre se puede realizar un trabajo que sea desafiante, pero posible de efectuar para tus características particulares. Empecé entrenando en el año 2011 y entrené sin detenerme hasta el 2014. Fue una experiencia alucinante para mi, ya que fui superando el miedo al ridículo, la frustración y me fui dando cuenta de que sí podía ejercitarme y hacerlo parte de mi rutina diaria. Primero eran dos veces a la semana y alguna actividad el día sábado más recreativa, luego fueron tres veces y luego cuatro… sin darme cuenta conforme pasó el tiempo terminé entrenando toda la semana. Me sentía increíble, con más energía que nunca en mi vida y pudiendo trabajar, estudiar y tener la vida social que siempre había mantenido sin que entrenar se transformara en una obligación. Ya era parte de mi vida y de mi programación semanal.

Sin embargo se me ocurrió la gran idea de viajar a estudiar por unos meses cuando estaba en el peak de mi entrenamiento. Era algo que no podía dejar de hacer, algo que para mi carrera era relevante y yo quería hacerlo sí o sí. Entonces empecé a buscar opciones de entrenamiento en algún box de CrossFit, pero era muuuuy caro para mi presupuesto y lo único que pude hacer fue salir a trotar cuando el clima y el itinerario de estudios lo permitía. Pasaron 3 meses y volví a Chile y empecé a entrenar como lo había hecho antes del viaje y casi muero… mis compañeros de entrenamiento y mis coaches me dijeron que empezara suave, pero la verdad me sentía bien. Finalmente, terminé con mucho dolor y tuve que bajar la carga y la cantidad de días, básicamente tuve que empezar de nuevo. El viaje tenía como objetivo aportar a mi investigación de tesis que, como muchos saben, es un tema que absorbe mucho tiempo y se me empezó a complicar la vida y la posibilidad de entrenar como antes. Ir a entrenar era para mi una desconexión del trabajo y eso me dificultaba volver y seguir escribiendo, por lo que poco a poco fui sacando CrossFit de mi agenda y volviendo a la vida sedentaria del investigador social. Quizás era necesario, quizás no, nunca lo sabré. Pero lo que sí sabía era que esos 10 meses de estar sin entrenar me pasarían la cuenta.

Desde junio del 2016 empecé a retomar el entrenamiento. Fue súper difícil. Muy difícil. La vuelta a la manzana era ETERNA. En mi cabeza conocía todos los movimientos, conocía mi nivel para cada uno de ellos, pero no podía hacerlos, tuve que empezar como si nunca hubiese hecho CrossFit en mi vida ¡No me podía la barra de 15 kilos! Tuve que entrenar con los fierros de principiantes y sin peso por un buen rato. Además de eso, sentir el dolor en cada parte de mi cuerpo recordándome que no se debe dejar de entrenar por tanto tiempo. Ahora, agreguémosle el factor psicológico: la frustración, la vergüenza, las ganas de abortar la misión. Una lucha eterna cada día que tenía que volver a entrenar.

¿Cómo lo superé?

Una primera cosa importante fue la reorganización de mis actividades laborales en relación a los días de entrenamiento: encontrar un horario adecuado es fundamental para poder ser constantes durante la semana, que sea compatible con la vida laboral, social, de pareja, etc. Comenzar de a poco: dos días a la semana es suficiente para comenzar, quizás tres si sientes que puedes. Para mi dos días fue esencial, luego le sumé el sábado y después de seis meses ya estaba entrenando cuatro veces por semana. Reorganizar la alimentación y los hábitos de sueño en función del entrenamiento, ya que sin esto será más difícil recuperarse y sentir avances en los ejercicios. Yo pedí apoyo nutricional en el box que aún conservo, porque dejar de entrenar también me implicó una subida de peso importante.

Una gran parte de la motivación para entrenar se la lleva mi partner de entrenamiento que siempre me está invitando (la verdad que durante todo ese tiempo que no entrené nunca dejó de hacerlo) y motivando a continuar a pesar de mi sensación de retroceso: comunicarse con otros también es relevante para que algunos cercanos de la comunidad sepan de tu situación actual y cómo apoyarte. Los profes y su paciencia, su ojo para darse cuenta de que a pesar de que algún día lo había hecho de una determinada manera, necesitaba volver atrás sin exigencias: también es bueno decir hasta dónde uno puede llegar al menos por un rato y que ya vendrán tiempos mejores. No es que estás siendo mediocre o que te niegas a dar más, es sólo escuchar el ritmo que necesitas actualmente para poder reintegrarte poco a poco.

Ahora me tocó trabajar fuera de Santiago y lo primero que hice fue buscar un box y llamar, organizar mis actividades y pensar a qué hora voy a poder entrenar jajajaaja. Ni loca paso de nuevo por esto. Me costó mucho volver y creo que recién después de 8 meses estoy llegando a los pesos que tenía cuando me fui de viaje, a aguantar la clase completa y a dar la vuelta a la manzana con dignidad.

 

Espero esta experiencia les sirva! Con mucho cariño, Jazmin Kassis